Otra Vida
Otra Vida
By AmberTG
Prólogo
Juan llevaba veinte minutos esperando el camión, lamentaba que fuera tan tarde, su novia lo esperaba en el bar desde hace una hora. Él se había tardado porque tenía una entrevista de trabajo muy importante. Juan lamentaba no haber podido responder bien las preguntas que el entrevistador le hizo; lamentaba no saber qué quería de su vida, qué esperaba en el futuro…
Claro, él quería lo que todos: titularse a pesar de los incompetentes directivos de la universidad, tener un trabajo, ser independiente, complacer a su novia y hacer orgullosos a sus padres. Juan lamentaba ir tan tarde con ella, lamentaba saber que no conseguiría el trabajo, y lamentaba que le hayan regresado la tésis una vez más.
Entonces el camión llegó.
Juan se subió, lamentó que estuviera lleno y que debía ir parado esta vez. Lamentó el calor de verano que se intensificaba en el reducido espacio del camión.
Sacó su celular, tenía algo de tiempo antes de llegar a su cita, abrió WhatsApp y entonces vió el mensaje.
“Puta madre.” Murmuró. El mensaje era de ella.
<<Perdón, pero ya me voy. Me avisas cuando tengas tiempo para mí.>> Decía.
“Otra vez esta pendeja”, pensó. Pidió la bajada del camión para cruzar la avenida y tomar otro, su casa quedaba del otro lado de la ciudad. Hace dos meses, tal vez él la habría llamado y tratado de arreglar las cosas, disculparse, complacerla y verla; pero también estaba cansado de ella; la verdad es que ni le caía tan bien, solo quería tener novia.
Llegó a su casa cuarenta minutos después. Lamentaba vivir tan lejos del centro de la ciudad. Era hora de cenar, y lamentó no comer algo que le gustara más. Habló con sus padres, lamentó que no lo entendieran a pesar de que lo aconsejaron bien, le dijeron que saldría bien, pero Juan se enfocó en una sola frase que dijo su papá.
“No te quiero aquí de inútil”.
Odiaba que le dijeran inútil, lo odiaba hasta el tuétano.
Se fue a dormir, lamentando que esta fuera su vida, deseando tener otra vida.
Capítulo 1: Otro día más
Juan se despertó al día siguiente al lado de su marido, se levantó de la cama y caminó con los pies descalzos y con pedicure reciente hasta el baño. Se lavó los dientes, mientras observaba su cuerpo.
Lamentaba que sus senos se hubieran caído, lamentaba que sus pezones se hayan hecho tan grandes después de dos embarazos, lamentaba la flacidez de sus pómulos y lamentaba que su cabello se despeinara tanto mientras dormía para verlo hecho un desastre en las mañanas.
Lamentaba haber olvidado quitarse el maquillaje antes de dormir, y lamentaba el olor que expedían sus axilas por la mañana. Se aplicó el Lady Speed Stick para no molestar a su marido, se sentó en la tasa para orinar, y al levantarse se volvió a acomodar la pantaleta. Regresó al cuarto, se puso las chanclas y bajó a la cocina para preparar el desayuno para la familia.
Era un sábado más, Juan agradecía que no fuera día de escuela y haberse podido despertar más tarde, aunque, siendo la madre de la familia, estaba condenada a simplemente despertar antes que todos le gustara o no.
Los pechos enormes que tuvo desde la pubertad eran visibles mientras Juan removía la mezcla de hot cakes, sin brasier, se movían para ambos lados sin parar y sus pezones se formaban a través de su camisón. Se había acostumbrado a eso, solo lamentaba que estuvieran tan caídos.
Pero lo aceptaba, había decidido ser madre, y esa había sido su vida desde hace 14 años.
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